Una vida en libros
Lecturas que marcan y quedan como recuerdos imborrables de cada historia personal.
Uno puede definir la vida como un proceso, o bien como una sucesión de impactos, muy positivos o muy negativos. Y para una persona que integra en su existencia la pasión por la literatura —quizás, junto a la música, la más alta expresión que nos hace humanos—, hay lecturas clave que asocia indisolublemente con su devenir. Les voy a hablar de las tres que me han marcado en mis años sobre este planeta.
La infancia es una etapa fundamental en la que las referencias de lectura pueden determinar con gran peso el acercamiento a los libros en la edad adulta. Ya descubrí en el artículo anterior (El Quijote mata lectores) las mías. Mi primer recuerdo como pequeño lector es, sin duda, esa maravilla denominada Los Cinco, de Enid Blyton. Pero se me olvidó también hablar de otra que habitualmente se ha despreciado como literatura y que, en cambio, ha supuesto el disparador principal de acercamiento a las historias de ficción de millones de niños.
Sí, se trata de los irreverentes Zipi y Zape, con un pique constante con los que son más partidarios de Mortadelo y Filemón. Ambos son la esencia del tebeo, del cómic, cuya grandeza reivindico desde este blño.
Y seguimos con otro recuerdo que choca también con el valor literario —entre lo que voy a decir y la crítica a la lectura de los clásicos de la semana pasada corro el riesgo de laminar mi prestigio como escritor antes de publicar mi primera novela—. En mi juventud pasé una temporada sin leer (conociéndome, a lo mejor serían apenas un par de meses, pero lo tengo muy grabado) y registraba una cierta apatía con respecto a los libros. En ese momento comenzó a ponerse de moda El Código Da Vinci, de Dan Brown, y fui a comprármelo a la fantástica librería Luces, en Málaga (en Instagram están aquí, y este autor pulsando en este enlace, así que aprovecho la coyuntura y les pido que me sigan, ya que acabamos de abrirnos un perfil en esa red social, aunque nos gusta infinitamente más Substack).
Dan Brown se asocia a entretenimiento para masas, lejos de los elementos de literatura considerada de alto nivel. Pues bendito entretenimiento. Me bebí esa novela, me hizo incluso acercarme al arte por la trama de la obra, y sobre todo, fue el punto y seguido que ha conseguido que ya jamás abandone ni siquiera momentáneamente ese placer inmenso de sumergirme en otros mundos a través de las páginas de un libro.
Y mi tercer momento vino propiciado hace pocos años en otra coqueta librería malagueña, Agapea, donde mi hermana se hizo con un ejemplar de El mentiroso, de Mikel Santiago, para regalármelo. Es una de las mejores cosas que ha hecho mi hermana por mí —y ha hecho muchas—. Este autor es el espejo en el que me miro como escritor y lo considero el mejor creador de thriller y novela negra actual en España.
Recomiendo este ejercicio a cualquiera que esté leyendo estas líneas. Haga memoria y vincule algunos. momentos de su vida a algunas lecturas (y cuéntemelas dejando un comentario, si tiene a bien). Como mínimo, le sacará una sonrisa. Porque la vida sin libros, es menos vida.



