La reina Letizia, los medios y mucha buena gente lectora
Crónica de mi estreno en la Feria del Libro de Madrid, en la que estuve firmando por primera vez Acordes para un crimen en la caseta de RBA
Con un ligero retraso, el tren llegó a Atocha sobre las diez de la mañana. Cogí el metro y, tras un transbordo de línea, llegué a la parada de Ibiza. Había consultado el plano de la Feria del Libro de Madrid e intuía que podía ser la más cercana a la entrada al Retiro que me venía bien por la situación de la caseta donde iba a firmar por la tarde, la número 214.
Atravesando los tornos de salida, me topé con un equipo de TVE que estaba cogiendo “totales” (cortes de declaraciones en el argot televisivo) para un reportaje sobre las dificultades de movilidad en Madrid con tanto evento, particularmente a raíz de la visita prevista del Papa en unos días. Me grabaron, con mi maleta en una mano, y en la otra sosteniendo un ejemplar de Acordes para un crimen.
A las doce y media tenía una entrevista con el Canal 24 horas con la percha de ser un debutante en la Feria, por lo que tenía tiempo hasta entonces, así que entré en una cafetería y cayó un croissant y un expresso. Me cambié para estar presentable, y rumbo a la Feria.
Nada más llegar a las inmediaciones me sorprendió una marabunta de periodistas corriendo y gente agolpada en los márgenes.
Se trataba de la reina Letizia, que estaba inaugurando la Feria. No sé qué me ocurrió, pero me embutí mentalmente en mi otrora traje de reportero y busqué la mejor colocación posible, cual sprinter en el Tour ante una volata, para tratar de acometer la misión que iba tomando forma en mi cabeza.
Y cuando la vi encaminándose hacia mi zona, no dudé y a lo Caiga Quien Caiga le pregunté a Letizia si le gustaba la novela negra. Se paró, me estrechó la mano, le tendí la novela, le comenté que ahí indicaba un correo electrónico por si la leía y quería reseñármela (sí, así, tal cual). Y, la verdad, ella mostró interés, se quedó con mi nombre e incluso me deseó suerte y me dijo que me la valoraría.

Comenzaba arribísima la Feria.
Y fue in crescendo cuando llegué a la caseta de RBA y conocí a los magníficos libreros que la gestionaban y que me acompañaron en este día mágico. Además, justo en ese momento una lectora estaba comprando Acordes para un crimen. Brutal. Se lo firmé emocionado, le dije que, aunque fuera de mi horario asignado, era la primera firma de mi vida en la Feria de Madrid y la mujer se fue con una sonrisa, que ahora que lo pienso, creo que fue de alivio al desembarazarse de ese autor loco.
Luego llegó la fantástica reportera de TVE Laura Pavía y estuve en directo en el Canal 24 horas… ¡justo después de Juan Gómez Jurado! De hecho, para el paso de uno a otro, me dio un consejo que guardo como oro en paño: CONSTANCIA.
También tuve el honor de que la novela protagonizara un directo en el programa de radio de la gran Nieves Herrero. Me entrevistó Chus Galán, periodista con una trayectoria periodística de diez, mucha parte de ella vinculada a la radio deportiva, y con la que me encantó reencontrarme tras coincidir en mi época de Telemadrid.
Y tras comer en un fantástico iraní descubierto en el Mercado de Ibiza, se abrió el telón de mi firma. Debutaba en un escenario que a mí me pareció la Champions League de la literatura, y así se lo dije a Carla Infiesta, de Noticias Cuatro, que también acudió a grabar a la caseta.
Y lo mejor, los lectores.
El primero fue Javi, un influencer de libros (@diagnosisbookaholic), al que yo creo que le hace gracia mi ineptitud total con las redes sociales. Su labor es encomiable y el ejemplo de que en Internet no solo hay insultos y falta de profundidad, como muchas veces creemos (yo el primero), sino que se hacen cosas muy interesantes como el fomento de la lectura que propugna con sus publicaciones este chico.
A pesar del calor, había muchísimo público en la Feria. Conocí a personas increíbles que se llevaron Acordes para un crimen. Charlé con todos ellos, me empapé de su historia, traté de esforzarme en la dedicatoria y sobre todo, disfruté de cada momento compartido con ellos. Como muestra, me encantó la historia de José y Teresa, que se llevaron dos ejemplares, y que compraban cada año en la Feria un sinfín de libros para ir regalándolos a sus seres queridos a lo largo de los meses.
También vino gente a la que conocía, personas que me enorgullezco de tener en mi vida y que compartían en sus ojos la emoción que trasladaban los míos con la mirada.
Tenía dos horas asignadas: de cinco a siete. Me permitieron alargarla dos horas más. Estuve toda la tarde. Cerré la caseta y con ella, uno de los días que nunca creía que iba a vivir y que ahora nadie puede arrebatar de mi corazón.
Pda: Tampoco te pierdas el pódcast CRIMEN Y NOVELA NEGRA (en Spotify, Youtube, Apple Podcast , Ivoox o en tu plataforma favorita). Viernes sí, viernes no, nuevo episodio.








