La fascinación por el mal
Exploramos las posibles razones de la pasión desatada por el crimen y la novela negra
¿Cuando se produce un accidente, se para a mirar? ¿Le gustan las novelas negras cuanto más cruentas, mejor? ¿Simula taparse los ojos ante una escena de violencia extrema en una película mientras abre con los dedos una rendija para no perderse ningún detalle macabro? No es una persona extraña, no está perturbada. ¿O sí?
La investigadora de la Universidad de Deusto Susana Corral hace referencia a algunos posibles motivos del auge del true crime. Uno de ellos radica en el puro entretenimiento, asociado al suspense y al misterio. Además, tras una serie de vicisitudes alrededor del mal, si las historias tienen un final feliz, es decir, si ganan los buenos al término del libro o la cinta, ello supone una especie de restauración de la justicia y el orden social que nos hace bien psicológicamente. Otra posible razón alude a que así nos acercamos a las vivencias de las personas involucradas en un crimen y nos conecta «con nuestros miedos y esperanzas, debilidades y virtudes, con la naturaleza humana y con el lado oscuro de la misma». (Fuente: The conversation).
Últimamente han aparecido en redes sociales algunos vídeos de influencers que defienden que las mujeres consumen en gran medida este formato para aprender a defenderse ante algún ataque violento. Es decir, ante el temor de que a lo largo de su vida sufran un episodio de violencia de género toman de la ficción negra el aprendizaje de técnicas de supervivencia para aplicar en tal caso.
El escritor Lorenzo Silva, por su parte, habla del aliciente que se deriva del propio misterio: «Los delincuentes no actúan de manera transparente, su interés está en obrar clandestinamente, no ser descubiertos y que sus acciones no se descubran; por tanto, ese detalle de averiguar lo que está oculto nos atrae» (Fuente: Ciclo Literario Diálogos a pie de página).
La pregunta se la hizo también el periodista A. Villares en un reportaje de La Tribuna de Albacete: ¿Qué lleva a millones de personas a engancharse a series y documentales sobre crímenes reales? En la pieza la responden así: «No es morbo, es la necesidad de comprender el mal».
A nuestro juicio, quizás se trate de ambas cuestiones. En el último episodio de Crimen y novela negra (Spotify, Youtube o en la plataforma de pódcast que utilice) tratamos el caso de Rocío Wanninkhof. Le aconsejamos su escucha para rememorar no solo el enganche total de la sociedad a un crimen, sino su propia querencia a participar en el suceso. Como en los bajos instintos que nos relatan las crónicas de la Edad Media, en este asesinato la ciudadanía, alentada por los medios y, ojo, por los propios investigadores policiales, señalaba culpables, profería insultos y necesidad de venganza, e incluso mataba por un sitio en primera fila en una abarrotadísima sala judicial donde se iba a dictar la primera sentencia (contra Dolores Vázquez).
Esos bajos instintos que mueve el crimen manifiestan otra cara, aún más retorcida si cabe. Esa cara tiene nombre: Hibristofilia. Se trata de la atracción que siente una persona por un criminal. José Rabadán, el “Asesino de la catana”, y Miguel Carcaño, asesino confeso de Marta del Castillo, han recibido en la cárcel cartas de personas que les transmitían ese deseo.
Conocer ese tipo de situaciones da pavor y nos acerca a las peores pulsiones del ser humano. Conviene tenerlas lejos. Pero si le gusta la novela negra y el crimen, no se sienta mal después de leer este artículo. Este autor es un enamorado y piensa seguir siéndolo. Como decimos en el pódcast, busquemos una vida a todo color, pero lecturas negras. Muy negras.


