El regreso de los asesinos de la lectura
Vuelve la Isla de las tentaciones: ¿peligro o puro entretenimiento? Y nos hacemos la misma pregunta en clave literaria.
Toda una finalista del premio Planeta en su día, Sandra Barneda, presenta el programa que envía, como ya titulábamos aquí, la inteligencia humana a la hoguera.
La necesidad de ampliar la comunidad lectora en nuestro mundo se justifica por el hecho de sumar personas reflexivas en un mundo inundado —o quizás no tan inundado, pero hacen mucho ruido— de seres humanos incapaces de procesar argumentos complejos.
La dictadura del clic, de lo superficial, del lema fácil impera en las redes sociales y el déficit de atención generalizado demanda un oponente poderoso al otro lado. Y ese contrincante es, sin duda, la lectura. Otorga reflexión y profundidad.
Justo lo que no propugnan espacios como La Isla de las Tentaciones.
Sin embargo, consideramos que todo depende de la mirada con la que se consuma el programa. Este o cualquier otro de la misma índole. Si eres adolescente (o adulto, pero con las neuronas aún a medio formar) que ves en los personajes modelos aspiracionales o conductas a seguir, apaga la televisión. En cambio, si gozas del programa como puro entretenimiento, con una carcajada permanente ante algunas situaciones ridículas, ¿por qué no vas a poder hacerlo?
Aquí somos firmes defensores del placer, de ese puro entretenimiento al que nos referimos, como se puede comprobar fácilmente en el histórico de artículos de este blog. Incluso dentro del mundo de los libros abominamos de esa alta literatura que es heroína cuando simplemente lo es y se disfruta, pero que se torna en asesina cuando se eleva por encima del hombro y juzga en su nombre cualquier otro género.
Afortunadamente cada vez menos, pero durante mucho tiempo se ha denostado el thriller o la novela negra. ¿Por qué? Se puede cuidar el lenguaje, buscar la precisión, componer potentes imágenes mentales a través de las palabras, y a la vez dotar a la trama de un ritmo y una acción que haga que quieras beberte un libro. Ese es uno de los mayores propósitos, de hecho, de mi primera novela (y que, por cierto, ya puedes reservar para que tengas tu ejemplar el 6 de mayo, día del lanzamiento): el enganche.
Lee. Lo que te guste. Lo que te haga sentir bien. Si son clásicos o grandes obras literarias, genial. Pero también si, citando al gran escritor J.D. Barker hablando de sus propios libros, te apetece disfrutar de cualquier otro como si «comieras palomitas».
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