El Quijote mata lectores
Obligar a leer libros concretos asesina el gusto por la lectura
¿A qué libro le debes tu afición a la lectura? Seguro que encuentro pocas respuestas que contengan los títulos de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, La Regenta o La casa de Bernarda Alba. Yo tuve la inmensa suerte de contar con profesores de Lengua excepcionales que me marcaron con hondura (gracias, don Manuel, Loli, Fernando). Este último, Fernando Alonso —por cierto, gran escritor especializado en la historia de Málaga—, infundía un soplo motivacional a cada clase y llegó a teatralizar en el aula el entierro del Quijote en un recuerdo imborrable. Pues incluso así, esa obra no deja de ser un coñazo para un adolescente. Por mucha historia de España que simbolice.
Mi recuerdo principal de infancia tiene la forma de una mano: Los Cinco, de Enid Blyton. Tengo fijada en la memoria la escena en el autobús del colegio en la que mi amigo Jesús me habló de ellos y me prestó un ejemplar al día siguiente. A partir de ahí, mi madre me tuvo que comprar la colección entera. Y luego vinieron Los siete secretos, Los Hollister, e incluso Elric de Meliboné, del que me abrió las puertas otro gran amigo, Antonio, con el que comentaba el mundo creado por Michael Moorcock en una especie de club de lectura improvisado por ambos en el que sobre todo él le sacaba todo el jugo al libro.
Se debe dejar total libertad a la hora de elegir lecturas. Lo importante es que, si me permiten el símil deportivo, creemos cantera de lectores. Y sobre esos libros elegidos por los niños, la figura del profesor es clave a la hora de guiar, y sobre todo, de entusiasmar.
Si un pequeño lector se divierte en los mundos de Pablo Diablo, Gerónimo Stilton, Los Futbolísimos o Hijas de la niebla, genial. Lo que hay que potenciar es precisamente esa sensación lectora que le está embargando y no aniquilarla con los clásicos. Ojo, no estoy diciendo que no se hable de su importancia histórica, que se comenten pasajes interesantes, que los profesores busquen su acercamiento con tácticas motivadoras como las del entierro del Quijote que he mencionado anteriormente, pero la vía de inoculación de pasión lectora, no nos engañemos, no puede venir de esas obras.
En los institutos cada vez más se tiende a compaginarlas con otras propuestas más actuales, y eso es una buena noticia. Como lo son los datos del último Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2025 (Federación de Gremios de Editores de España y Ministerio de Cultura). Los jóvenes cada vez leen más. Sigamos fomentando esa afición por encima de otras tentaciones más contraproducentes a determinadas edades. Y una forma de hacerlo es a través de la libertad lectora.
Por último, haciendo un símil sobre el comportamiento de esos padres que embrutecen el fútbol como simple diversión para sus hijos (ver en Instagram breve reel sobre el tema), también en los placeres de la lectura utilicemos el VAR: Ver, Animar y Respetar.
(Sé que habrá muchas personas que no estén de acuerdo por la importancia de ciertas obras en nuestra cultura. Si eres una de ellas, o no y estás de acuerdo con mi planteamiento, deja arriba un comentario. El debate siempre es enriquecedor.


