Crímenes de primera y crímenes de segunda
¿Por qué hay casos que merecen más atención que otros con elementos similares?
Me realicé esa pregunta hace poco, cuando estaba preparando el calendario de emisiones del pódcast Crimen y Novela Negra y me topé con una entrevista de una madre que había perdido a su hija. Bueno, más que perdido la había presuntamente asesinado. Y la entrevista la estaba dando desde la cárcel. Se trataba de Carolina Galván.
¿Cómo no conocía este caso? A ver, desgraciadamente se cometen un sinfín de crímenes a lo largo de todo el planeta y, por mucho que me apasionen estos relatos negros reales o ficticios, se habrán producido numerosos de los que no tenga ni idea. Pero entonces vi esta foto:
Este rostro angelical desapareció cuando no había cumplido ni siquiera los dos años. Sara Sofía me recordó inmediatamente a otra niña cuyo caso cubrí hasta la extenuación en mi etapa como periodista en Telecinco: Madeleine McCann.
Casos similares en el trazo grueso: niñas pequeñas angelicales —reitero a conciencia el término por su encaje milimétrico—, que desaparecen sin dejar rastro de repente. Y para más inri, hasta el momento no se han podido encontrar.
Sin embargo, mientras que el de Madeleine McCann mereció la atención mediática global y durante un tiempo prolongado, el de Sara Sofía encogió el corazón de sus compatriotas colombianos, quizás el de Latinoamérica también, pero con una duración más breve y apenas manteniendo repercusión en otros lugares, como por ejemplo, España.
Y eso que en ambos sucesos se añadió el morbo de que las sospechas recayeron sobre los propios padres. Los McCann fueron declarados argüidos —investigados, en nomenclatura de la Policía portuguesa—, pero resulta que la madre y el padrastro de Sara Sofía han sido incluso condenados por la justicia.
Quizás algunas respuestas las hallemos en la nacionalidad y la situación social y económica del entorno de las víctimas…
Madeleine, inglesa, con padres guapos, ricos y de alta posición social.
Sara Sofía, colombiana, sin padre y con una madre pobre, con problemas y de baja posición social.
¿Por qué atraen más las desgracias cuando se reúnen los elementos referidos en el caso de Maddie?
Sí es cierto que hay más elementos explicativos, como el impulso mediático por parte de los propios McCann, utilizando sus contactos precisamente; o el enfrentamiento abierto entre los padres y la policía portuguesa, y entre esta y la inglesa…
Yo mismo he caído en esos polos de atracción en mi propia novela (por cierto, ya tenemos fecha: ¡6 de mayo!) y que iré desvelando durante estas semanas que restan. Y es que cada vez que nos acercamos a los bajos fondos de nuestra psicología humana nos encontramos con funcionamientos, quizás, demasiado oscuros.



Sacaron en Netflix una serie con cuatro o cinco casos como lo que tú refieres en el artículo: casos muy similares que suceden a la vez y se pierden en el olvido.
Pasó con las niñas que desaparecieron en Aguilar de Campoo y con Gloria Martínez, que al coincidir en el año que pasó Alcasser se perdieron en el limbo, teniendo incluso datos que podrían haber ayudado a resolver ambos bastante mejor de lo que se ha hecho hasta ahora, que es nada en ambos casos.
Yo creo que los medios juegan mucho a dar a conocer unos casos y no otros, el caso de la familia Watts, que tiene gente aún ahora que sigue "investigando" online aunque Chris Watts lleve desde 2018 cumpliendo cinco cadenas perpetuas, llamó mucho la atención por todos los medios y documentales que se han hecho sobre él, pero es que hay múltiples casos en USA y aquí y en todos lados, de padres aniquilando a su familia, y todos parecen fijados en ese caso porque ella publicaba mucho en Facebook y se les ha dado mucha publicidad.